Psicología
23
Jun

Elegir cambiar nuestro cuerpo, por los motivos que fuere ya sea por salud o por estética no resulta sencillo, sin embargo miles de persona se aventuran a hacerlo y la mayoría no sospecha los múltiples efectos que de ello se derivan.

En determinados momento vitales todos atravesamos grandes cambios físicos que no podemos eludir, por ejemplo en nuestra adolescencia, y muchos aún podemos recordar el impacto que ello tuvo en nuestra mente pues nuestro esquema corporal y la imagen de nosotros mismos no se adecuaron al nuevo cuerpo con la misma velocidad con que éste cambió. Nos encontramos torpes, sin poder medir con precisión distancias, fuerza, movimientos… En ocasiones nos costó reconocernos en estos cambios y la imagen que nos devolvía el espejo o las fotografías nos provocó alguna extrañeza. Así vivimos y sin darnos demasiada cuenta un día todo aquello quedó en el pasado, ¿Cuál fue la clave? Tiempo.

Con esquema corporal nos referimos a la integración dinámica de nuestros cuerpos con el espacio, en tanto que imagen corporal refiere al modo subjetivo de percibir el propio cuerpo incluyendo en esta percepción, además de la figura, emociones y creencias sobre nosotros mismos.

Cuando pensamos en una persona que decide cambiar su estilo de vida y bajar de peso, no estamos pensando en una experiencia tan distinta a la anterior respecto a los procesos de acomodación de esquema e imagen corporal; ya que éstos procesos requerirán (al igual que en la adolescencia), además de trabajo (con el espejo, fotografías, videos, etc.), tiempo.

Quien se aventura a esta misión de ganar o recuperar bienestar mediante la búsqueda de un peso saludable, es alguien que descubre o redescubre algo nuevo en sí mismo kilo a kilo, y muchas veces la sorpresa es que lo nuevo no responde sólo a lo tangible: menos centímetros de cintura, abdomen o muslos sino a experiencias respecto a mi modo de vinculación conmigo mismo y con el mundo.

El cambio en mi manera de percibirme y juzgarme también cambia radicalmente el repertorio de emociones que se activan cuando vuelvo mis ojos hacia mí y éstas emociones a veces positivas (alegría, autoconfianza, seguridad, etc.) y a veces negativas (miedo, vergüenza, bronca, etc) tienen un fuerte impacto en la interpretación que hago del mundo y mis experiencias.

Se hace innegable entonces que el cambio físico implica una experiencia total, transformadora, de la materia hasta los vínculos. Experiencia que dejará un impacto positivo o negativo de acuerdo a la actitud que tome frente al cambio y por suerte a mi actitud también tengo el poder de elegirla.

 
 

Por Lic. José Ignacio Salas

MP 1029


Servicio de Psicología

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