Tercera Edad

Si de problemas oculares se trata, hablar de cataratas es fundamental, dado que es una patología muy frecuente en la población actual. Si bien es una enfermedad curable, de no tratarse a tiempo puede ocasionar secuelas irreversibles. En Argentina, el índice de ceguera en pacientes menores de 60 años es importante, sin mencionar que esta afección es la mayor causa de ceguera en Latinoamérica. Actualmente, hay casi 5.000 ciegos por millón de habitantes y el 60% de ellos a causa de catarata.

La catarata es la progresiva opacidad del cristalino, una especie de “lente” que tenemos dentro de los ojos. El cristalino se caracteriza por su transparencia y, cuando el cristalino se vuelve opaco, se origina la catarata, que deriva en la disminución de la visión. Afecta ambos ojos, pero no se presenta de manera simétrica, es decir, con diferente pérdida de visión y/o alteraciones visuales en cada ojo, según explicó la profesional.

La catarata puede tener diferentes causas, pero la más común es la denominada "catarata senil", que se origina por envejecimiento ocular y suele manifestarse entre los 65 y 75 años, aunque puede desarrollarse a edad más temprana, como a los 55 años, o no padecerla hasta los 80. “Al igual que las canas, son parte normal del envejecimiento. Si bien se habla de tratamientos alternativos, como dietas ricas en vitaminas, ejercicios oculares, pastillas, gotas y/o bloqueo de luz ultravioleta con lentes, la realidad es que la catarata senil aparecerá irremisiblemente en algún momento de nuestras vidas”, afirmó, por su parte, la oftalmóloga Adriana Williams.

La profesional explicó que las cataratas pueden  originarse por muchas otras causas, como los traumatismos, más frecuentes en la gente joven; y por el metabolismo, como consecuencia de la diabetes. También está lo que se conoce como catarata tóxica, provocada por el uso de corticoides en terapias prolongadas; las cataratas secundarias, originadas por trastornos oculares como uveítis y glaucoma; y las congénitas, que pueden ser hereditarias, asociadas a síndromes genéticos, infecciones maternas (rubéola) o ingesta de fármacos por parte de la madre durante el embarazo.

Los síntomas más comunes son la disminución de la visión, sea borrosa o nublada; mayor sensibilidad a la luz, lo que dificulta la conducción vehicular; alteración en la percepción de los colores, que aparecen desteñidos; visión doble, resplandor alrededor de las luces y una mayor dificultad para ver de noche.

Por su parte, los adultos mayores son la población más expuesta. Hoy, con el aumento de la esperanza de vida, es muy importancia realizar el primer control a partir de los 40 años. “En ese período pueden comenzar a aparecer los primeros signos de la enfermedad y de otras afecciones oculares. Se recomiendan controles anuales para evaluar cambios visuales y chequear la presión ocular”, resaltó la Dra. Williams.

Con respecto al tratamiento de las cataratas, en la mayoría de los casos debe recurrirse a la cirugía y cuanto más temprana, mejor. Tanto la Dra. Williams como la Dra. Llaya coincidieron en que, a medida que la catarata provoque  una disminución visual o trastornos como glaucoma, se debe realizar la extracción del cristalino. La técnica más empleada, con muy buenos resultados, es la facoemulsificación. Se basa en energía ultrasónica trasmitida por la punta de un aparato (facoemulsificador) para producir  la ruptura de la catarata y luego su aspiración mediante una incisión pequeña. Luego de haber extraído el cristalino patológico, se coloca un lente intraocular. El cálculo del lente se realiza  previo a la intervención, por medio de una ecometría para ver qué medición corresponde según el paciente.

Hoy hay diferentes tipos de lente intraocular: el plegable, que se coloca por la misma incisión por donde introducimos la punta del facoemulsificador; y multifocales, que permiten la visión lejana y cercana, sin necesitad de usar anteojos.

En esta técnica se emplea anestesia local y la cirugía dura poco tiempo, el paciente se va a su casa a los minutos de ser operado, sin necesidad de ocluir el ojo operado, y al poco tiempo comienza a notar los cambios en la percepción.

“Con esta cirugía los pacientes obtienen una mejor visión y calidad de vida. Por ello no se espera a que la patología llegue a provocar la ceguera del paciente”, afirmó Llaya, quien señaló que es fundamental realizar controles en los niños y los recién nacidos. “Detectar esta anomalía durante los primeros meses de vida del bebé es determinante. Por ello las primeras revisiones son muy importantes. El médico realiza una detallada exploración visual y expone al bebé a una intensa luz para confirmar que todo está bien. También el estrabismo y la presencia de una mancha blanca en el ojo son indicios de que algo no está bien. Las estadísticas señalan que el 20 % de las cegueras en niños podría haberse evitado con la detección temprana, ya que en muchos casos hay una urgencia quirúrgica”, afirmó Llaya.

Los controles médicos anuales después de los 40 y los tratamientos actuales aseguran al paciente la posibilidad de contar con una muy buena visión y, por ende, calidad de vida, más allá de los años.

 

 
 

Adriana William


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Alejandra Llaya


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